febrero 12, 2005

Arthur Miller ha muerto.

Acabo de enterarme de la muerte en Connecticut de Arthur Miller (Nueva York, 1915), que fue, junto a Tenesse Williams y Eugene O´Neill, el mejor dramaturgo norteamericano.  Miller mantuvo siempre una posición crítica en su propio país que le creó innumerables problemas, especialmente en la etapa oscura del macarthismo. Fue interrogado por el Comité de Actividades Antiamericanas en 1956, acusado de comunista y condenado finalmente por desacato, aunque posteriormente sería absuelto.

Pero no hay que remontarse tan lejos. Durante los últimos años, los escenarios importantes Estados Unidos, o le dieron la espalda, o él se la dio a ellos. Con este olvido voluntario y culpable, Broadway se manifestó como un lugar exclusivo para los negocios, una gigantesca empresa del espectáculo en donde las voces realmente críticas casi nunca han tenido espacio de expresión. Por eso, sus últimas obras pasaron prácticamente desapercibidas, siendo estrenadas, en el mejor de los casos, en circuitos alternativos, en Universidades y por compañías independientes, con algunas excepciones. Esta anomalía constituye toda una denuncia sobre las peculiaridades existentes en el seno de la sociedad del país más rico e influyente de la tierra.

De Miller nos quedarán para siempre algunos títulos emblemáticos: Todos eran mis hijos (1945), Muerte de un viajante (1949), Las brujas de Salem (1953), Panorama desde el puente (1955), Después de la caída (1963) Incidente en Vichy (1964), El precio (1968) o El arzobispo (1977) y otras, que, además de describir minuciosamente una sociedad norteamericana repleta de injustas paradojas, establecían las bases de una nueva forma de “tragedia contemporánea”, escrita teniendo en cuenta algunos postulados del propio Brecht.

Miller nos presenta en ese teatro extremadamente bien construido, personajes extraídos de la realidad social de su país (inmigrantes, trabajadores, hombres de negocios con pasados turbios, víctimas de las circunstancias, etc) que finalmente representan el lado oscuro del llamado sueño americano, edificado a partir también de la inmoralidad, la explotación y la ignominia. Personajes estilizados finalmente hacia una forma de realismo reconocible, con un marcado carácter de revelación y de denuncia social y política.

En España hemos visto recientemente una versión de “Panorama desde el puente”, con puesta en escena de Miguel Narros, que consiguió varios Premios Max de las Artes Escénicas, y otra de “La muerte de un viajante”, a cargo de Juan Carlos Pérez de la Fuente en el Centro Dramático Nacional. Hace bastantes años aquel mítico programa televisivo “Estudio 1” emitió una versión de esta última obra que muchos recordarán todavía con cariño.

Arthur Miller contrajo matrimonio en 1956 con la actriz Marilyn Monroe con la que vivió hasta 1961. Además de escribir para el teatro, es autor de varias novelas y relatos. Recibió el Premio Pulitzer en 1949, El Premio del Círculo de Críticos de Teatro de Nueva York, y en nuestro país el Principe de Asturias en 2002.

Hoy el teatro está de luto. Pero también debemos estarlo todos  los ciudadanos que, como él, luchamos todavía en todo el mundo por las libertades políticas e individuales y, en concreto, por la libertad de expresión de las ideas.

febrero 01, 2005

Teatro en Berlín (y 3).

Visita al Berliner Ensemble.

El Permagamonmuseum nos ofrece sus tesoros a primera hora de la tarde. Salas inmensas, llenas de maravillas de la antigüedad. Nos impresionan de manera especial la Puerta del mercado de Mileto, y el impresionante Altar de Pérgamo, en torno al que se organiza todo el museo.

Si puedo, suelo preparar los viajes de trabajo con tiempo y antelación. Este viaje a Berlín fue excusa para ver espectáculos grabados en canales alemanes, dirigidos por grandes hombres y mujeres de ese país. Estando ya en la ciudad, el tiempo y las distancias hacen que deba moderar mis deseos de conocer teatros míticos como el Volksbüne, o el Deutsches Theater, con una programación interesante y rompedora.

Berliner_ensemble Pero, por fin, vamos a conocer el Berliner Ensemble.

Cuando terminamos nuestra visita al cementerio donde descansan Bertold Brecht y Helene Weigel bajamos andando en dirección a Bertold Brecht Platz comentando lo que habíamos presenciado. Veinte minutos más tarde estábamos ahí, delante del edificio construido en 1891 por Henrich Seeling, en donde Brecht asentaría su trabajo creando una compañía estable. Allí iba a poner en práctica sus teorías sobre la distanciación y la interpretación antiaristotélica como fundamentos de su “teatro de la era científica”.

Ese día la compañía pone en escena una versión de “Leonce y Lena”, de George Büchner, obra escrita en 1836, con dirección de...

3 Debo advertir que normalmente el director de escena de un espectáculo es el dato que recabo con mayor interés a la hora de decidirme a entrar en un teatro. En esta ocasión, obnubilado por el deseo de conocer el interior del edificio y el trabajo actual de la compañía, no me di cuenta de que el responsable de la puesta en escena era Bob Wilson, alguien que nunca me ha gustado demasiado.

Pero el espectáculo es extraordinario. La puesta en escena es de un vigor y una solidez indiscutibles, aunque lo más impresionante es la coherencia y la homogeneidad de la interpretación. Todos los actores juegan a lo mismo. También todos los demás elementos escénicos, incluida la música de Herbert Grönemeyer, interpretada en directo, son piezas sutiles de un puzzle perfecto. Tal vez hay que destacar el trabajo del actor que interpreta a Leoncio: Markus Meyer. Yo no había visto jamás algo igual: cuerpo, voz, presencia, economía, expresividad, sabiduría escénica.

Salimos con la sensación de haber recibido una verdadera lección. Las sospechas de que el Berliner se ha convertido en un museo con telarañas se han manifestado totalmente infundadas. Es un teatro vivo, renovado, contemporáneo. Este “Leoncio y Lena” va a formar parte de mis mejores recuerdos teatrales el resto de mi vida.

Salimos a la calle. Es mi última noche en Berlín y el clima es fresco y agradable. Hay abiertos multitud de bares, cafeterías y galerías de arte. Cenamos en un acogedor restaurante cercano. Las mesas están abarrotadas por personas que acaban de asistir a una representación teatral o participado en un acto cultural de los centenares que esta enorme ciudad ofrece hoy a sus cuatro millones de habitantes.

Una ciudad a la que quiero regresar pronto.

enero 31, 2005

Teatro en Berlín (2).

26 de Agosto de 2004. En la casa de Bertold Brecht.

2 En Berlín es fácil coger taxis. A veinte metros del Hotel Anglaterre hay una parada, justo al lado de una estación de metro. Elegimos ese medio de transporte porque tenemos cierto temor a perdernos en una ciudad subterránea que nos imaginamos inmensa y repleta de carteles en alemán.

Sin embargo, estamos bastante cerca de la casa en la que transcurrieron los últimos años de la vida de Bertold Brecht y de la que fue su compañera sentimental y profesional, la actriz Helene Weigell.

En su exterior nada indica que esa mítica pareja residió allí. No hay grandes carteles ni una publicidad específica. Sólo el número del portal, 125 de Chauseestrasse, es el dato que nos induce a penetrar. Ya dentro, efectivamente, fotografías de ambos y carteles del Berliner Ensemble, nos indican que no nos hemos equivocado.

Como ya sabíamos, la casa de los Brecht puede ser visitada cada media hora en grupos reducidos. Como es a primera hora de la mañana, los únicos visitantes somos Félix, Sara y yo, y una chica joven. Compramos el ticket y una señora de mediana edad, que sólo habla alemán y algunas palabras de inglés, nos introduce en la vivienda.

Qué fuerte emoción. Vemos la biblioteca de Brecht. La gran dependencia en la que él trabajaba. Suelo de madera, una mesa pequeña, ubicada cerca de una ventana, cuadros de motivos chinos, a los que él se refiere en sus poemas. Nuestra anfitriona desaparece, vista la inutilidad de sus explicaciones, y sólo nos indica que no se pueden hacer fotos. No le hacemos demasiado caso.

Me acerco a la biblioteca. Cojo un libro: “Fausto”, de Goethe. El ángel negro me acaricia el oído: “Y si te llevas un libro de la biblioteca de Brecht...”. Dudo unos instantes porque el ángel bueno tarda en aparecer. Aconsejado por éste, no cojo el libro, por respeto a su propietario y por la confianza otorgada a unos visitantes a los que se deja solos. Me imagino qué pasaría, pongamos por caso, en la casa-museo de Lorca si las medidas de seguridad y la confianza depositada fueran las mismas.

Bajamos al piso inferior. Son las dependencias de Helene Weigell que sobrevivió a su marido unos quince años. Esos tres lustros se notan. Aparecen allí los primeros electrodomésticos. Por ejemplo, un destartalado televisor. Un gran ventanal separa la vivienda de un pequeño huerto/jardín, que ella cuidó hasta su muerte en 1971.

Cuando salimos nos encontramos con el agradable frescor de la mañana berlinesa. Sara, Félix (que han venido al estreno de la obra de Víctor Mira) y yo estamos embobados. Participamos de uno de esos momentos en los que se mezcla un profundo respeto y la fascinación más inmensa.

Todavía nos queda tiempo para recorrer Dorotheenstätischer Friedhof, el pequeño cementerio que se extiende contiguo a la casa recién visitada. Ahí están sus tumbas, y muy cercana también, la de Heiner Müller, dramaturgo y uno de los últimos directores del Berliner Ensemble, la compañía que fundaran ellos en 1949. Nos hacemos abundantes fotos, esta vez sin temor a ser descubiertos.

El resto de la mañana prácticamente la dedicamos a pellizcarnos: hemos estado en completa libertad en casa de Bertold Brecht y Helene Weigell.

enero 30, 2005

Teatro en Berlín (1).

Torre_de_la_tv_2 1. 25 de Agosto de 2004. Viajo a Berlín por primera vez con motivo de la presentación de “Himmel der Fraüen” (“El cielo de las mujeres”), obra teatral del pintor Víctor Mira, muerto en Noviembre de 2003, representada en el Museo Deutsche Guggenheim. No estaré en el estreno, pero sí en el ensayo general. La puesta en escena es de Ulrike Kéller, la directora que ya había dirigido “Antihéroes”, otro texto de Víctor. Me hospedo en el Hotel Anglaterre, en Friedrichstrasse, muy cerca del famoso Check Point Charlie, lugar por donde se salía legalmente (quienes podían) de la República Democrática Alemana.  Allí están los famosos tenderetes en los que se pueden comprar todavía uniformes del ejército, chapas diversas, cascos militares, y trocitos del muro envueltos en papel de celofán.

La primera impresión de Berlín la recibo en el taxi que me lleva desde el aeropuerto Tegel, el más importante de los cuatro que funcionan regularmente. En realidad no se podría considerar como tal. Más bien son imágenes caóticas: Postdamer Platz, llena de grúas y de edificios recién construidos, con un cierto aire al barrio de La Defense, de París. El Reichstag, majestuoso, a escasos metros de la Puerta de Brandemburgo, y la torre de la televisión, visible desde casi todos los puntos del recorrido.

Primer paseo. Calle Unter den Linden al atardecer. Grande, destartalada, prácticamente vacía a partir de las ocho de la tarde. La bellísima Berliner Dom, y la isla de los Museos a donde me encamino después del ensayo. En ella la impresionante silueta del Pergamonmuseum, que intentaré visitar al día siguiente. Me retiraré pronto a digerir lo visto en esas primeras horas.

2. “El cielo de las mujeres”. Cuatro de la tarde. Ulrike, menuda, enérgica, amable, da las últimas instrucciones a actores y técnicos. Ester Romero, compañera de Víctor, observa todo con una inmensa y contenida emoción. El patio interior cubierto por un césped artificial de un verde intenso. En el centro, un enorme árbol. De una de sus ramas cuelga un columpio, imprescindible para desarrollar la acción escénica que el autor propone. Las ventanas del patio, cubiertas con lienzos en donde se ven nubes a modo de etérea escenografía. Cinco actrices y un actor en escena. Vestuario colorista. Interpretación expresionista, medida, calculada. El pase dura un poco más de media hora. A pesar de lo cual, es un gran espectáculo.

3. Agotador paseo matinal solitario por Berlín. Unter den Linden/ Puerta de Brandemburgo/Avda. 17 de Junio/ la Kaiser-Wilhelm, conocida por los berlineses como “muela picada”, con su torre intacta, a modo de recordatorio permanente, tras los bombardeos de la segunda guerra mundial. Taxi hasta el Hotel Anglaterre, con los pies destrozados. La ciudad es bulliciosa, inmensa, destartalada. Trenes aéreos y tranvías por todas partes. Tráfico intenso. Grandes superficies. Sorprendentes bosques agrestes en mitad del asfalto. Ya en el hotel veo perder a España frente a EEUU en baloncesto. Una pena. Mañana iré al mítico Berliner Ensemble!

Mi foto
Blog powered by TypePad

LIBROS

  • Fréderic Beigbeder: Windows on the World
    Comienza a escribirse sobre el 11 de Septiembre. En "Windows on the World" (Anagrama), prepotente nombre del restaurante situado en la última planta del no menos inmodesto y ya destruído World Trade Center de Nueva York, el escritor francés Fréderic Beigbeder trama y teje una relación entre esa altura y la de "Le Ciel de París", desde donde escribe, en la Torre de Montparnasse. En el libro se reflexiona sobre aspectos de nuetra vida, pero, sobre todo, es el conmovedor relato de las peripecias de un ejecutivo que ha ido a desayunar con sus pequeños hijos a ese lugar. La situación recuerda a la del personaje de "La vida es bella". Ante sus hijos, horrorizados por la situación, mantiene que se trata solo de una simulación y que todo eso pasará muy pronto. Es curiosa la estructuración de la novela. Cada capítulo es un minuto de los 105 que transcurrieron entre el impacto del avión y la caída de la Torre Norte. Más que una gran novela, es la prometedora entrega de un escritor no menos prometedor.
  • Bernardo Atxaga: El hijo del acordeonista

    Bernardo Atxaga: El hijo del acordeonista
    (Alfaguara) Un libro magnífico, en la línea narrativa de anteriores novelas de Atxaga. La guerra civil, tan real ella, y los paisajes de Obaba, tan líricos y estlizados, vistos desde California en un relato atrapador, hecho de retazos que terminan uniéndose en un puzzle perfecto. Este novelista ha conseguido lo más difícil: una escritura vigorosa, reconocible y propia.

  • Michel Houellebecq: Plataforma
    De este joven escritor francés ya conocía su "Ampliación del campo de batalla", que me había dejado indiferente. Cuando leí "Plataforma" (Anagrama), anduve varios días con los ojos como platos. Creo que es una novela interesante, pero, sobre todo, una reflexión impertinente, provocadora, que descoloca por su claridad y valentía, y que lleva implícita una toma de posición ideológica por parte del lector. Contiene el alegato más radical que he leído contra el Islam (por eso ha sido un escándalo en su país), y para quienes provenimos de las remotas regiones del marxismo supone una revisión de lo que queda de nuestro pasado mental. Lo he regalado muchas veces y casi nadie ha sabido qué decirme. Algunos/as creo que no me saludan.
  • Paul Auster: La noche del oráculo
    (Anagrama) El mejor Auster. Nuevamente. Ese que consigue que los dedos se te peguen al libro. Ese que hace que maldigas el tener que levantarte por la mañana y no puedas seguir leyendo. Ese que, sin pedantería, reflexiona escribiendo sobre el hecho de escribir. Ese que ha revitalizado a escala planetaria los conceptos clásicos de la intriga y la progresión en el relato. Ese que describe personajes de carne y hueso en situaciones inverosíles, y unos y otras se hacen creíbles para el lector. Ese que ha recogido lo mejor de la literatura norteamericana y la ha mezclado con su formación clásica, europea. Lee este libro ya.
  • James Gavin: Deep in a Dream. La larga noche de Chet Baker
    Si yo fuera Chet Baker y leyera mi propia biografía escrita por James Gavin (Reservoir Books) supongo que me removería en la tumba. Un lector normal, y, sobre todo, vivo, se quedaría de piedra ante las peripecias contadas en un libro que relata con todo lujo de detalles el implacable y larguísimo proceso de autodestrucción de uno de los mejores músicos de jazz de todos los tiempos. Desde su origen familiar a las misteriosas circunstancias de su muerte, pasando por el calvario (para él y para que los le rodeaban) de su adicción a las drogas, todo en el libro es extremo. Como extremo es el biografiado mismo: seductor hasta en los últimos momentos, amoral, solitario, egoista, genial músico. Una delicia de libro.
  • Bernard Marie Koltés: Roberto Zucco

    Bernard Marie Koltés: Roberto Zucco
    (El Público) Parece lógico que este sea el primero de los libros reseñados puesto que su personaje protagonista le da nombre y me lo presta a mí para titular este blog. R.Z. es una obra teatral escrita por el francés Bernard Marie Koltés, muerto hace años víctima del SIDA. Es finalmente la historia de un personaje extraño y complejo, capaz de asesinar a su propia madre y de hablar como un personaje de la Ilustración. Ese es precisamente el estilo del autor: capaz de describir un ambiente de cloaca con la más sutil de las poesías. Se trata de una suerte de tragedia rabiosamente contemporánea, llevada al teatro por Peter Stein, y en España por Lluis Pasqual, entre otros. (Hay una versión cinematográfica de Cédrik Kahn, realizada en 2001, perfectamente prescindible). Para mí es la mejor obra de Koltés, a pesar de que "La soledad de los campos de algodón" y "Muelle Oeste" también representaron importantes hitos en la escena de los últimos años del pasado siglo. Koltés está enterrado en una tumba del Cementerio de Montmartre, en París. Me la encontré por casualidad una mañana fría y húmeda. Sentí una gran emoción.

Discos

Libros de teatro

  • Janet Malcolm: LEYENDO A CHEJOV
    Janet Malcolm conoce hasta las esquinas más recónditas de la obra de Chejov. Y con ese bagaje realiza un viaje a Rusia en donde va reconociendo los paisajes y los ambientes que inspiraron al autor de "Las tres hermanas" a escribir sus relatos y sus obras teatrales. Por medio se nos cuenta también las peripecias y vicisitudes de un país hermoso y la manera de ser de sus habitantes. "Leyendo a Chejov" (Alba Editorial) es, pues, un libro de aventuras, pero, al mismo tiempo un riguroso y ameno recorrido por los escritos de uno de los principales hombres de teatro del siglo XX, y, por tanto, una excelente herramienta para conocerlo.

febrero 2005

lun mar mié jue vie sáb dom
  1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28